Las purgas de condensado evacúan el agua que se acumula en los puntos bajos de la instalación de aire comprimido: calderines, vasos de filtros, secadores y tramos descendentes de la red. Si el condensado no se elimina, acaba arrastrado por el flujo de aire y llega a las herramientas y la maquinaria, provocando corrosión, averías y defectos en los acabados.
Disponibles en cuatro tipos según el nivel de automatización que necesita cada punto de la instalación: manual, de boya, temporizada y capacitiva electrónica.
La opción más sencilla y económica. Un grifo de 1/4″ que el operario abre manualmente para drenar el condensado acumulado. Adecuado para instalaciones pequeñas o puntos secundarios donde la acumulación de agua es mínima y hay alguien que revisa el sistema a diario.
Funciona sin electricidad. Un flotador interno sube cuando el nivel de condensado llega a un punto determinado y abre la válvula de descarga automáticamente. Cuando el agua se evacúa, el flotador baja y cierra. Presión de trabajo de 0 a 16 bar, conexión 1/2″. Es la purga más fiable para puntos sin alimentación eléctrica, como el fondo del calderín o puntos bajos de la red.
Se abre y cierra a intervalos programables mediante un temporizador electrónico. El usuario configura la frecuencia y la duración de la apertura. Es eficaz, pero puede desperdiciar aire comprimido si se abre cuando no hay condensado suficiente, o acumular agua si el intervalo es demasiado largo para la producción de condensado real.
La más eficiente. Un sensor capacitivo detecta el nivel real de condensado y abre la válvula solo cuando hay agua que evacuar. No pierde aire comprimido innecesariamente y garantiza que el condensado se evacúe siempre a tiempo. Recomendada para instalaciones industriales con demanda variable y donde el coste energético del aire comprimido justifica la inversión.
Los puntos habituales de instalación de purgas son el fondo del calderín (donde se acumula la mayor cantidad de condensado por el enfriamiento del aire), la salida del secador frigorífico, el vaso de cada filtro de línea, y los puntos bajos de las tuberías donde la gravedad hace que el agua se deposite.
En una instalación bien diseñada, cada uno de estos puntos tiene su propia purga. El calderín suele llevar una purga de boya o capacitiva por el volumen de agua que genera. Los filtros a menudo incorporan su propia purga automática. Y los puntos bajos de la red pueden resolverse con purgas de boya o grifos manuales según la accesibilidad.

Déjanos tus datos y te contactamos en menos de 24 horas laborables.